Bebiendo el elipsis del manantial de las añoranzas más recónditas
del fondo de mi ser… he notado el sabor amargo de la desesperanza adquirida por
la lejanía de tu aroma. Atreviéndome a mirar mi propio reflejo en el tranque formado
por mis lagrimas, me sorprendo al darme cuenta que no existe rostro alguno,
solo una sombra difuminada, lo que me hace pensar que ya no soy el mismo de
antes. Enredado con las ramas de mi propio destino, me levanto para seguir mi
camino, este camino tan incierto que ya no recuerdo cuando empezó. Miro hacia
el cielo y ya atardece, el sol se esconde, y con el mis ganas de seguir
caminando en un futuro tan incierto, que cada amanecida me hace darme cuenta
que mi rumbo esta errado. Pero la misión no ha terminado, el sendero de lo
desconocido, ya sin destino aparente, se debe recorrer de principio a fin,
aunque las heridas del pasado sigan derramando la sangre de mis aprendizajes,
como un anima solitaria por los bosques de mis añoranzas, caminare sin destino
aparente… esperando que en algún ocaso, la luz de mi interior se apague así
como la luz del día se pierde en el atardecer del universo infinito.
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